
Hubo una vez una
Un día el
de aquel país anunció que iba a dar una gran
a la que invitaba a todas las 
casaderas del reino.
Tú,
, no irás -dijo la
-. Te quedarás en
fregando el suelo y preparando la
para cuando volvamos.
Tú,
Así, llegó el día del
y 
vio partir a sus 
hacia el
Real.
Cuando se encontró sola en la cocina no pudo reprimir sus
.
¿Por qué soy tan desgraciada? -exclamó-.
Cuando se encontró sola en la cocina no pudo reprimir sus
¿Por qué soy tan desgraciada? -exclamó-.
De pronto se le apareció su
.
No te preocupes -exclamó el
-. Tu también podrás ir al
, pero con una condición, cuando el
del
dé las 

tendrás que regresar sin falta. Y tocándola con su
la
en una maravillosa
, también
una
en una preciosa
para poder ir al
.
No te preocupes -exclamó el
La llegada de
al
causó honda admiración
. Al entrar en la sala de
, el
quedó tan
de su belleza que
con
toda la noche. Sus 
no la reconocieron y se
quién sería aquella
.
En medio de tanta
,
oyó sonar en el
del
las 

.
¡Oh, Dios mío! ¡Tengo que irme! -exclamó-.
Como una exhalación atravesó el salón y bajó la
perdiendo en su huída un
, que el
recogió
.
¡Oh, Dios mío! ¡Tengo que irme! -exclamó-.
Como una exhalación atravesó el salón y bajó la
Para encontrar a la bella
, el
ideó un plan. Se casaría con aquella que pudiera calzarse el
.
Envió a su
a recorrer todo el Reino. Las 
se lo probaban en vano, pues no había ni una a quien le fuera bien el
.
Envió a su
Al fin llegaron a casa de
, y claro está que sus 
no pudieron calzar el
, pero cuando se lo puso
vieron con
que le entraba perfecto.
Y así sucedió que el
se casó con la
y vivieron muy
.
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