12 de enero de 2013

El hijo del elefante

 En tiempos remotos, hijo mío, el elefante
no tenía trompa. Sólo poseía una nariz
oscura y curvada, del tamaño de una
bota, que podía mover de un lado
a otro pero con la que no podía agarrar
nada. Existía, también, otro elefante,
un nuevo elefante, hijo del anterior,
que tenía una insaciable curiosidad
por todas las cosas, lo que significaba
que, en todo momento, estaba haciendo
preguntas. Vivía en África y a todos
molestaba con su insaciable curiosidad.






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